Era un día de Noviembre, hace 15
años, hacía frío aunque en esta foto vean un día soleado. La compañía de trenes
estaba en huelga por varios días, quizás semanas. Yo andaba deambulando por
París tratando de no gastar dinero pues quería irme ya porque el frío y la
lluvia y los precios de las cosas no me gustaban.
En esta foto vemos los Campos
Elyseos de París, más o menos desde la plaza de la Concordia; a medida que uno
se va acercando al Arco del Triunfo que se ve al fondo, la avenida se pone más
y más ficha, y también llena de turistas. Varias cuadras más adelante del
momento de esta foto, fui abordada por dos mujeres chinas. Ellas no hablaban
inglés, ni español ni francés, pero a su manera, con señas, lograron hacerme
entender que querían que les haga un favor. La misión era comprar dos
billeteras en la tienda Louis Vuitton que se encontraba justo en la vereda de
en frente. Una de las chinas me mostraba el modelo que querían sosteniendo un
ejemplar en sus manos a la vez que corría el cierre y decía: “Wit ZippeL
ZippeL!”
Yo recién procesaba lo que me
pedían y no había tenido ni tiempo de aceptar cuando sacaron un fajo de euros y
me dieron 600. Con los euros en mano pensé que ahí estaba mi escape de París,
no tendría que esperar que se levante la huelga, tenía en mi manos un pasaje de
avión y mi estadía en Barcelona ¡Joder! Sólo tenía que correr con mis piernas
hasta el cuello y evitar que me atrapen los chinos de la mafia que seguro
estaban vigilando escondidos.
Verán, cuando estas casas de moda
sacan ciertos diseños, lo hacen de forma limitada y cada comprador puede llevar
sólo una cantidad limitada (1 ó 2). Pero estos chinos van de compras a París
para llevar los últimos modelos a su país y hacer las copias que luego invaden
los mercados del mundo, para lo cual necesitan adquirir varios ejemplares para
sus varias fábricas. Ellas ya habían comprado lo suyo, pero querían más.
Obviamente, yo no iba a correrme
de la mafia china y tampoco podía decirles que no thank you no te quiero
ayudar, así que crucé y entré a Louis Vuitton Maison Champs Elysées a comprar
lo que me habían pedido. Debo aclarar -por si no me conoces - que nunca había
comprado ni compraré una billetera de 300 euros (osea más de 300 USD). También
debo aclarar -por si no me conoces- que nunca voy yo demasiado elegante y menos
hace 15 años mientras mochileaba por Europa y que ni de a vainas tenía pinta de
alguien que usa o compra Louis Vuitton.
Crucé la pista y entré entonces a
la boutique donde esperaba que me miren de pies a cabeza y arruguen la nariz,
pero lo que sucedió fue que ni me miraron; fui completamente ignorada porque la
verdad había más gente que sí tenía pinta de caserito. Entonces fui directo al
mostrador, busqué con la mirada la billetera indicada, llamé la atención del
vendedor que estaba ahí, le señalé la billetera con una mano y con la otra le
hice la seña de dos por favor como quien pide cerveza. El chico las sacó, yo ni
las miré, él las empaquetó y yo le di el cash. Mi experiencia en Louis Vuitton
fue tan glamorosa como comprar un par de tamales. Así soy.
Al salir, miré a ver si estaban
los hombres que me perseguirían pero sólo vi turistas y parisinos, nada de
chinos de la mafia; crucé los Campos Eliseos con los tamales… perdón… las
billeteras en la mano y me acerqué pensando que seguro me darían una propinita
que me alcanzaría para un cafecito sur les Champs Elysées. Le di las billeteras
y una gran sonrisa de satisfacción a las chinas y ellas me dieron un “Tankiu
tankiu” agarrando las billeteras y reculando rápidamente “Tankiu Tankiu”. Yo me
quedé parada ahí, esperando los 5 euros que me había imaginado, mientras ellas
se perdían entre la gente.
Foto Francia 2005 ©LaRabi

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