




¿Qué te voy a decir?
Ya lo he dicho y escrito muchas veces: Cuzco es mágico y siempre hay que volver.
Cada vez distinto y cada vez igual.
Sus mañanas son cálidas de cielo impecablemente azul.
Sus noches son frías y, cuando la ciudad se ilumina, los cerros parecen una constelación.
Ahí me encuentro, me rescato.
Ahí se hace cierta mi Identidad.
Mi Libertad.
Mi Pertenencia.
Para qué te voy a contar de las noches de luna llena en Sacsayhuaman. Escabullirte como una sombra entre las piedras, convertirte en un espíritu más entre los que habitan esas ruinas. Pasar un túnel largo, estrecho y negro, un camino de los muertos para salir a un círculo mágico donde Killa es Diosa y Reina. Nunca sentirte más poderoso y pleno que en un instante así. Tu espíritu es más fuerte que cualquier materia. Esas piedras milenarias tampoco pesan nada. Te colocas en el centro y te elevas a pesar de tu cuerpo. Te has vuelto inmortal. Estás en el cementerio de la Zona X. Sólo una palabra basta para explicar: AMOR, MAGIA, WIRACOCHA, Dios creador del universo Inka. Ya son tres pero estoy convencida de que son la misma.
Y caminar una vez más por el bosque hacia el Templo de la Luna. Son otras circunstancias. Es otra compañía. No soy ya la loquita sin miedo que se arrastraba bajo la lluvia entre el barro y caca de llama porque era divertido. Voy tranquila. Y en el Templo, esa inmensa piedra de aspecto lunar, una vez más me vuelvo virgen y me entrego. Como si siempre hubiera estado ahí sentada en la cima de esa roca significativa. Como si nunca hubiera conocido nada más que la verdad de estar sentada ahí en la cima. ¿Cómo explicarlo? Respiro. Soy más que feliz. ¿Por qué? No lo sé. Pero siempre se repite en ese lugar que para mis ancestros fue sagrado. Y para mí también lo es.
La ida a Machu Picchu esta vez es más divertida que nunca. Tomar un bus con dirección a Quillabamba, del otro lado de la montaña, en la selva alta, cerca de Maranura donde mis pies más jóvenes ya habían ido a descubrir la vida quechua y el café, la coca, el cacao. Y donde inolvidable eclipse lunar se grabó en mis retinas. Pero esta vez, bajarse en Santa Teresa, tras una noche entera bloqueados por un huaico. Normal con estas lluvias. Paciencia. No pasa nada. Ya llegaron los CAT y sacan todo ese barro donde me hundo hasta los tobillos sólo porque la curiosidad mata al gato o por lo menos… embarra.
De Santa Teresa viajas en combi hasta Santa María. Pueblo de niños y perritos lindos. Como en toda la sierra. Menú de 3.50. Sopa, papa, arroz, presita de pollo.
Luego sorpresa. Hay que cruzar el río en una canasta colgante de cables. Una mujer jala con toda su fuerza el peso de jóvenes aventureros. La recompensa a sus esfuerzos: una propina. La recompensa a nuestro esfuerzo: subidón de adrenalina. ¡¿Qué más puedo querer?! ¡Pero tendré más! No hay duda.
Trépate al techo del camión y avanza 20 minutos por la montaña, bordeando el cauce del río Urubamba, antiguamente llamado Vilcanota. Y una vez en la hidroeléctrica, métele empuje al camino de 10 kms por las vías del tren que el turista no tan aventurero pagó en gringa moneda. ¡Ja, Ja! El que puede puede. Yo no puedo pagar. Ellos no pueden caminar.
Aguas calientes: más bonito que en mi recuerdo. Todo arregladito para que siga reinando el billete verde. No comment.
De madrugada trepar a la ciudad perdida de Machu Picchu por los mismos escalones inkas. ¡Qué físico que tenían! ¡Sudas la gota gorda! Una vez ahí. Sobran las palabras. Sigue subiendo al Huayna Picchu…llego gateando. Ya ni sudo. Ya no tengo líquido en el cuerpo. Ni para una lágrima que se merece botar. La selva, la montaña, el valle, PUFFF qué te voy a decir… qué te voy a explicar… o contar… o mentir… o tratar de transmitir... PUFFF… sólo interjecciones y suspiros. Ahí en la roca con los amigos… que sienten fabulosamente lo mismo que tú.
Bajar la montaña. Rewind del camino. De nuevo los rieles uno a uno, paso a paso. La mochila se siente más ligera. Ahora llueve. Es temprano. Está fresquito. El camino se hace más corto. De nuevo Santa María, Santa Teresa y seguir rezándole a las santas para que el bus llegue sin cruzar huaicos a Cuzco.
Volvimos a la ciudad colorida. Argentinos, brasileros y chilenos, nuevos amigos. Gente de puta madre. Viaje de la gran puta. Para que más palabras.
Ya lo he dicho y escrito muchas veces: Cuzco es mágico y siempre hay que volver.
Cada vez distinto y cada vez igual.
Sus mañanas son cálidas de cielo impecablemente azul.
Sus noches son frías y, cuando la ciudad se ilumina, los cerros parecen una constelación.
Ahí me encuentro, me rescato.
Ahí se hace cierta mi Identidad.
Mi Libertad.
Mi Pertenencia.
Para qué te voy a contar de las noches de luna llena en Sacsayhuaman. Escabullirte como una sombra entre las piedras, convertirte en un espíritu más entre los que habitan esas ruinas. Pasar un túnel largo, estrecho y negro, un camino de los muertos para salir a un círculo mágico donde Killa es Diosa y Reina. Nunca sentirte más poderoso y pleno que en un instante así. Tu espíritu es más fuerte que cualquier materia. Esas piedras milenarias tampoco pesan nada. Te colocas en el centro y te elevas a pesar de tu cuerpo. Te has vuelto inmortal. Estás en el cementerio de la Zona X. Sólo una palabra basta para explicar: AMOR, MAGIA, WIRACOCHA, Dios creador del universo Inka. Ya son tres pero estoy convencida de que son la misma.
Y caminar una vez más por el bosque hacia el Templo de la Luna. Son otras circunstancias. Es otra compañía. No soy ya la loquita sin miedo que se arrastraba bajo la lluvia entre el barro y caca de llama porque era divertido. Voy tranquila. Y en el Templo, esa inmensa piedra de aspecto lunar, una vez más me vuelvo virgen y me entrego. Como si siempre hubiera estado ahí sentada en la cima de esa roca significativa. Como si nunca hubiera conocido nada más que la verdad de estar sentada ahí en la cima. ¿Cómo explicarlo? Respiro. Soy más que feliz. ¿Por qué? No lo sé. Pero siempre se repite en ese lugar que para mis ancestros fue sagrado. Y para mí también lo es.
La ida a Machu Picchu esta vez es más divertida que nunca. Tomar un bus con dirección a Quillabamba, del otro lado de la montaña, en la selva alta, cerca de Maranura donde mis pies más jóvenes ya habían ido a descubrir la vida quechua y el café, la coca, el cacao. Y donde inolvidable eclipse lunar se grabó en mis retinas. Pero esta vez, bajarse en Santa Teresa, tras una noche entera bloqueados por un huaico. Normal con estas lluvias. Paciencia. No pasa nada. Ya llegaron los CAT y sacan todo ese barro donde me hundo hasta los tobillos sólo porque la curiosidad mata al gato o por lo menos… embarra.
De Santa Teresa viajas en combi hasta Santa María. Pueblo de niños y perritos lindos. Como en toda la sierra. Menú de 3.50. Sopa, papa, arroz, presita de pollo.
Luego sorpresa. Hay que cruzar el río en una canasta colgante de cables. Una mujer jala con toda su fuerza el peso de jóvenes aventureros. La recompensa a sus esfuerzos: una propina. La recompensa a nuestro esfuerzo: subidón de adrenalina. ¡¿Qué más puedo querer?! ¡Pero tendré más! No hay duda.
Trépate al techo del camión y avanza 20 minutos por la montaña, bordeando el cauce del río Urubamba, antiguamente llamado Vilcanota. Y una vez en la hidroeléctrica, métele empuje al camino de 10 kms por las vías del tren que el turista no tan aventurero pagó en gringa moneda. ¡Ja, Ja! El que puede puede. Yo no puedo pagar. Ellos no pueden caminar.
Aguas calientes: más bonito que en mi recuerdo. Todo arregladito para que siga reinando el billete verde. No comment.
De madrugada trepar a la ciudad perdida de Machu Picchu por los mismos escalones inkas. ¡Qué físico que tenían! ¡Sudas la gota gorda! Una vez ahí. Sobran las palabras. Sigue subiendo al Huayna Picchu…llego gateando. Ya ni sudo. Ya no tengo líquido en el cuerpo. Ni para una lágrima que se merece botar. La selva, la montaña, el valle, PUFFF qué te voy a decir… qué te voy a explicar… o contar… o mentir… o tratar de transmitir... PUFFF… sólo interjecciones y suspiros. Ahí en la roca con los amigos… que sienten fabulosamente lo mismo que tú.
Bajar la montaña. Rewind del camino. De nuevo los rieles uno a uno, paso a paso. La mochila se siente más ligera. Ahora llueve. Es temprano. Está fresquito. El camino se hace más corto. De nuevo Santa María, Santa Teresa y seguir rezándole a las santas para que el bus llegue sin cruzar huaicos a Cuzco.
Volvimos a la ciudad colorida. Argentinos, brasileros y chilenos, nuevos amigos. Gente de puta madre. Viaje de la gran puta. Para que más palabras.
Fotos by La Rabi: De abajo hacia arriba
1- Tractores removiendo huaico
2- Templo de la luna
3- Cuzco de noche
4- Inka custodio de la piedra de los 12 ángulos
5- Ale y Matías contemplando la ciudad perdida
6 y 7- Trekking por la via del tren
8- Cruzando el Rio
9- Llamas en Machu Picchu
10- Reptil entre las piedras de Machu Picchu
11- La Rabi
12- Estatua del Inka Pachacutek en Aguas Calientes
©LaRabi 2007
©LaRabi 2007






