jueves, agosto 30, 2007

Crónica de un invierno que termina

El loquito Mandarin, junio 2007



El chico de los DVDs, julio 2007

Retiro hora punta, Buenos Aires agosto 2007

Los ángeles también matan el tiempo.

Nieve en Gualeguay, Entre Ríos, 9 de julio 2007

Marcha por la aparición de Julio López, Buenos Aires 18 de septiembre 2007


Marcha por la aparición de Julio López, Buenos Aires 18 de septiembre 2007



Zoológico de Buenos Aires, junio 2007... el espacio del panda ausente



Art Déco en Buenos Aires, agosto 2007


©LaRabi 2007
Nota. ningún retoque de luz o color ha sido efectuado sobre este material

jueves, agosto 23, 2007

Fotos del proyecto "La otra esencia"













Estas fotos están pequeñas porque eran las fotos que tomé para hacer el story board de un corto que presenté como proyecto en la escuela de cine. Posó para las fotos mi amigo, actor y comediante Andrés. A. 
Nunca llegué a grabar ese corto, pero el proyecto que presenté, aunque francamente un disparate en mis ideas de realización, me hizo aprobar el curso de Dirección Cinematográfica en la FUC. 
Quién adivina de qué iba el corto? 


©LaRabi 2007

lunes, febrero 12, 2007

Cuzquito uan mor taim

















¿Qué te voy a decir?
Ya lo he dicho y escrito muchas veces: Cuzco es mágico y siempre hay que volver.
Cada vez distinto y cada vez igual.
Sus mañanas son cálidas de cielo impecablemente azul.
Sus noches son frías y, cuando la ciudad se ilumina, los cerros parecen una constelación.
Ahí me encuentro, me rescato.
Ahí se hace cierta mi Identidad.
Mi Libertad.
Mi Pertenencia.
Para qué te voy a contar de las noches de luna llena en Sacsayhuaman. Escabullirte como una sombra entre las piedras, convertirte en un espíritu más entre los que habitan esas ruinas. Pasar un túnel largo, estrecho y negro, un camino de los muertos para salir a un círculo mágico donde Killa es Diosa y Reina. Nunca sentirte más poderoso y pleno que en un instante así. Tu espíritu es más fuerte que cualquier materia. Esas piedras milenarias tampoco pesan nada. Te colocas en el centro y te elevas a pesar de tu cuerpo. Te has vuelto inmortal. Estás en el cementerio de la Zona X. Sólo una palabra basta para explicar: AMOR, MAGIA, WIRACOCHA, Dios creador del universo Inka. Ya son tres pero estoy convencida de que son la misma.
Y caminar una vez más por el bosque hacia el Templo de la Luna. Son otras circunstancias. Es otra compañía. No soy ya la loquita sin miedo que se arrastraba bajo la lluvia entre el barro y caca de llama porque era divertido. Voy tranquila. Y en el Templo, esa inmensa piedra de aspecto lunar, una vez más me vuelvo virgen y me entrego. Como si siempre hubiera estado ahí sentada en la cima de esa roca significativa. Como si nunca hubiera conocido nada más que la verdad de estar sentada ahí en la cima. ¿Cómo explicarlo? Respiro. Soy más que feliz. ¿Por qué? No lo sé. Pero siempre se repite en ese lugar que para mis ancestros fue sagrado. Y para mí también lo es.
La ida a Machu Picchu esta vez es más divertida que nunca. Tomar un bus con dirección a Quillabamba, del otro lado de la montaña, en la selva alta, cerca de Maranura donde mis pies más jóvenes ya habían ido a descubrir la vida quechua y el café, la coca, el cacao. Y donde inolvidable eclipse lunar se grabó en mis retinas. Pero esta vez, bajarse en Santa Teresa, tras una noche entera bloqueados por un huaico. Normal con estas lluvias. Paciencia. No pasa nada. Ya llegaron los CAT y sacan todo ese barro donde me hundo hasta los tobillos sólo porque la curiosidad mata al gato o por lo menos… embarra.
De Santa Teresa viajas en combi hasta Santa María. Pueblo de niños y perritos lindos. Como en toda la sierra. Menú de 3.50. Sopa, papa, arroz, presita de pollo.
Luego sorpresa. Hay que cruzar el río en una canasta colgante de cables. Una mujer jala con toda su fuerza el peso de jóvenes aventureros. La recompensa a sus esfuerzos: una propina. La recompensa a nuestro esfuerzo: subidón de adrenalina. ¡¿Qué más puedo querer?! ¡Pero tendré más! No hay duda.
Trépate al techo del camión y avanza 20 minutos por la montaña, bordeando el cauce del río Urubamba, antiguamente llamado Vilcanota. Y una vez en la hidroeléctrica, métele empuje al camino de 10 kms por las vías del tren que el turista no tan aventurero pagó en gringa moneda. ¡Ja, Ja! El que puede puede. Yo no puedo pagar. Ellos no pueden caminar.
Aguas calientes: más bonito que en mi recuerdo. Todo arregladito para que siga reinando el billete verde. No comment.
De madrugada trepar a la ciudad perdida de Machu Picchu por los mismos escalones inkas. ¡Qué físico que tenían! ¡Sudas la gota gorda! Una vez ahí. Sobran las palabras. Sigue subiendo al Huayna Picchu…llego gateando. Ya ni sudo. Ya no tengo líquido en el cuerpo. Ni para una lágrima que se merece botar. La selva, la montaña, el valle, PUFFF qué te voy a decir… qué te voy a explicar… o contar… o mentir… o tratar de transmitir... PUFFF… sólo interjecciones y suspiros. Ahí en la roca con los amigos… que sienten fabulosamente lo mismo que tú.
Bajar la montaña. Rewind del camino. De nuevo los rieles uno a uno, paso a paso. La mochila se siente más ligera. Ahora llueve. Es temprano. Está fresquito. El camino se hace más corto. De nuevo Santa María, Santa Teresa y seguir rezándole a las santas para que el bus llegue sin cruzar huaicos a Cuzco.
Volvimos a la ciudad colorida. Argentinos, brasileros y chilenos, nuevos amigos. Gente de puta madre. Viaje de la gran puta. Para que más palabras.


Fotos by La Rabi: De abajo hacia arriba

1- Tractores removiendo huaico
2- Templo de la luna
3- Cuzco de noche
4- Inka custodio de la piedra de los 12 ángulos
5- Ale y Matías contemplando la ciudad perdida
6 y 7- Trekking por la via del tren
8- Cruzando el Rio
9- Llamas en Machu Picchu
10- Reptil entre las piedras de Machu Picchu
11- La Rabi
12- Estatua del Inka Pachacutek en Aguas Calientes

©LaRabi 2007

domingo, enero 21, 2007

Porque un poquito te extraño...





Buenos Aires, Buenos Aires… Bonito nombre, bonita ciudad. Buenos Aires sin duda tiene buenos aires cuando no son esos vientitos patagónicos que suben anunciando lluvias. Claro está que el dicho “la belleza está en los ojos del que mira” no deja de tener sentido pero, aunque la mirases de mala gana – y me ha pasado –, esa ciudad no deja de ser bella, no pierde su encanto. Empezando por sus hombres y mujeres, sus cafés, sus grandes avenidas, sus bosques, su cielo tan azul en verano como en invierno, sus placitas, sus numerosos museos, sus librerías, su Costanera, su Puerto Madero, sus antiguas calles de San Telmo, su tango, sus estadios, su locura por el fútbol, su Diego, su Boquita y su choripan!

Esto es el testimonio de una vegetariana agobiada por el olor a parrilla que inunda cada rincón de la ciudad los sábados por la noche porque el asadito al menos una vez por semana no se perdona. Esa manera excesiva de comer carne roja, sin duda, afecta el temperamento a veces gritón y agresivo que pueden demostrar los porteños, que también pueden llegar a ser como dulce de leche. Supongo que compensan el carácter sanguíneo agregándole a todo por lo menos un cuarto de kilo de helado. Inequívoca herencia italiana en cada rincón y en cada hábito de los porteños, las heladerías y las pizzerías abundan para toda preferencia. Volviendo al sábado por la noche. El olor a carne asada me acosa. Me escondo en mi almohada pero ya ha penetrado mis fosas y se ha impregnado. La procedencia es incierta o mejor dicho de todas partes, puede ser cualquier restaurante o el vecino que tuvo la brillante idea de poner una parrilla en su balcón. Sería contra natura que ese olor moleste a un argentino. Más bien les hace salivar y quizás sólo la milanesa pueda competir el primer puesto en la lista de los manjares de un porteño.

A medida que pasa la hora, el olor se disipa y comienza la previa. La previa, como su nombre lo indica, es un preliminar a la “joda”. Son los amigos que se reúnen y departen mientras deciden dónde comenzará el resto de la noche. En qué barrio, en qué “boliche” y cómo llegar. No es ningún problema. La oferta abunda y los taxis y el transporte urbano – a excepción del subte- circulan las 24 horas. Hay para todos los gustos. Todos los estilos musicales y de diversión. Discotecas pares a las “mejores” del mundo o locales para bohemios empedernidos, roqueros, cumbiancheros; hay para bebedores de vino, hay para quien prefiere la cerveza y el billar, para los amantes del jazz, para quien no quiera bailar o para quien se quiera reventar. Hay de todo y sin parar. Hasta la mañana.

Cuando el sol apunta es hermoso volver a casa pasando por la confitería para comprar unas facturas y medias lunas antes de confiarle a la almohada las locuras de la noche. El domingo es tan tranquilo con su tiempo de mate o su momento de helado. Las tardes de fútbol. La gente en los parques. Porque si algo saben hacer es sin duda compartir y disfrutar con la familia o con los amigos, da igual. Eso no se les puede negar.

Pero el lunes llega y la ciudad retoma su ritmo vertiginoso. Las anchas avenidas se saturan. El subte se repleta en hora punta al punto de poder sentir los latidos del corazón de quien va apretado a tu lado o poder escuchar la música de su i-pod. Es una carrera de taxis y buses, de autos particulares, peatones, viejitas con perritos versus chicos de saco y corbata con piercing en la ceja o repartidores de algo. El delivery en Buenos Aires es casi siempre sin costo y en el centro lo más gracioso es ver a los mozos llevando bandeja y un (1) café, zigzagueando entre transeúntes en carrera loca hacia oficinas varias donde se decide la vida o muerte económica de la ciudad. Supongo.

Buenos Aires salió un poco machacada de la gran crisis. Hay más pobreza. Más delincuencia. Mucha injusticia social que no deberían ser indiferentes ni al turista más desprevenido. Pero cómo dicho antes… ¡hay tanta belleza y siempre un cielo azul! Y vuelve el sábado con su mercadito hippie de Plaza Francia en la hermosa Recoleta. Llena de artistas ambulantes, cantantes, bailarines de tango y hasta capoeristas. No falta nada para entretener los sentidos hasta que el olor a carne me vuelva a saturar. Sólo queda escribir lo que mil veces se habrá ya escrito, a Buenos Aires se va para comer abundante y no muy costosa carne de excelente calidad, beber buen vino, ver gente hermosa, espacios verdes o arquitecturas interesantes, sacarle el jugo a la intensa vida cultural o nocturna y en pocas palabras: disfrutar.

Foto 1: Av. 9 de Julio Sabado por la mañana. Vacía
Foto 2: En el tren hacia Retiro
Foto 3: Barrio Norte
Foto 4: Cementerio de la Recoleta.

Fotos de La Rabi.