
Esta foto data de hace exactamente una semana. Atardecer sobre el río Paraná. Un hombre pesca en la orilla argentina. Lo que se ve en frente es Paraguay. Yo fui simple testigo de su comunión. No hablé con él.
La última vez que interrumpí un pescador, la interrupción duró tres horas. Fue en la lagunita de los bosques de Palermo, cerca de donde vivo en Buenos Aires. Pensé que era un loco que pensaba que pescaba, por eso lo abordé. Pero no desvariaba. Resultó ser un joven izquierdista, guapo, inteligente y paciente. Después de tres horas, cuando ya pegaba retirada el sol invernal, sacó de la laguna (donde sí señor hay peces y un borracho se ahogó un día) un pez gato de esos pequeñitos y lamentables (como los que pescaba mi hermano cuando era chiquito antes de destrozar la caña contra las piedras porque pescaba sólo carnadas… hasta la epopeya del pulpo que quizás cuente un día… pero esa es otra historia). No hay nada lamentable ni en ser pequeño ni en pescar pero no sé quién me dio más pena, si el pescador o el pescado que fue finalmente devuelto a la laguna con la boca herida. No sé tampoco por qué me dio pena. Fue simplemente una de esas escenitas bellas de la vida, de esas que me llenan de sentimiento de humanidad (es así como yo le llamo a la compasión, en su versión mas alegre le llamo amor a lo Bob Marley, me refiero por supuesto al amor universal, amor al prójimo… one love… one life… ya saben).
Aquel pescador del Paraná en cambio parecía salido de un comercial de Chivas o de una película de Robert Redford y en el aire una voz pausada y ronca decía cosas que ya no recuerdo pero que eran muy lindas. En serio.
O querida... ya era hora. Quien michi te dijo eso que no tienes nada que decir?? Me alegro por tu blog... lo pondré como referencia en el mio (espero lo mismo, jejej) y sobre el río Paraná te digo una cosa: no sabes cómo la noche se posa en sus aguas hecho neblina. Lo cruzé cuando estaba de vuelta de Ciudad del Este, donde tuve que salir por el tema de la visa. La vista desde el Puente de la Amistad, de aquél islote al medio del río es única. Entre aparatos eléctrónicos desfilando y un sinfin de gente confundida con traficantes... y extranjero de retorno como yo. Beso.
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