domingo, agosto 06, 2006
Insomnio
Llevo ya un buen tiempo de mi vida ejercitándome en el arte de ser superficial… o eso intento. Es algo que para personas como yo -que le buscan cinco patas al gato- resulta difícil. Toda mi vida adulta la voy viviendo en el intento de volverme superficial. Así trato de nutrirme de E! entertainment en base diaria porque sino suceden noches como hoy que me leí un libro de Sabato entero y me da el insomnio porque el viejo habla de cosas bellas y feas de la vida y cita filósofos e intelectuales que.. bueno ya ven… me quita el sueño porque habla de resistencia a la destrucción y ahora yo simplemente me quedé con resistencia y a ver hasta qué hora puedo estar aquí escribiendo estupideces y cómo puedo arreglar el mundo.
Trato de ser superficial… trato de pensar en cosas más ligeras. Trato de no llevar todo aspecto de la existencia hacia la búsqueda de un sentido… Pero seguro que también a ustedes les termina resultando en dilema existencial mirar MTV o ¿no?… (bueno al Jerry sé que no) pero… ¡!es que hay tanto que cuestionar!! … ¿ verdad que sí? No quiero ser consciente a las 5 de la mañana, no me da la letra en este momento para repasar los desastres ecológicos e humanitarios, sociopolíticos, asquerosos, vergonzosos que ocurren en todas partes del mundo por los que seres humanos sufren y a mi se me llenan los chinos de lágrimas… y por eso… ahora… casi clarea sobre este Buenos Aires que odio y yo sigo pensando con un nudo entre las galletitas de salvado y la flema de la bronquitis en todo lo que escribió Sabato… y también en el otro Ernesto. El más grande Ernesto de todos los Ernestos. El que demuestra la importancia de llamarse Ernesto. Ernesto Che Guevara. Y quiero morir como él… y pienso que se está muriendo Fidel… y mi compañera de alquiler quiso hacer una apuesta sobre cuántos días más vivirá porque lo considera un “hijo de puta”. Y yo pienso… tantos hijos de puta deberían morirse antes que Fidel y tantos inocentes se están de hecho muriendo antes que él. Cuánto cinismo defendiendo libertades falsas. Si nadie es libre. ¿Es que no se dan cuenta? Por eso estoy yo aquí escribiendo y tú estás leyendo. Por eso tratamos de huir y nos refugiamos en una celda aún más cuadrada, más estrecha. Y si no me refugio en alguna celda de mayor o menor resolución… igual vienen esas páginas… me agarran del cogote y me cuelgan a madrugadas blancas o peor aún… tan negras.
Lo que en realidad debo traducir de mi búsqueda de superficialidad es una gran necesidad de mantener todo muy simple para no enloquecer. Pegarme en las cosas pequeñas. En los detalles está la esencia. En los detalles está la diferencia. Porque no puedo cambiar el mundo pero puedo cambiar un instante en un mundo. Con sólo detenerlo y no dejarlo pasar… como esta noche que pasa y pasa hasta que llega, sin muchas ganas de llegar, la mañana. Como el caracol… cuánto me fascinan los caracoles… los admiro como ejemplares de un modo de existencia superior (me lo podrá refutar quién quiera… pero a mí nada me convencerá de que los caracoles en cualquiera de sus tipos no son seres superiores por su primitividad están más cerca del Absoluto) y así… noches como hoy trato de concentrarme en el caracol para ser simple… pero todo se va al demonio y como Kurtz al final lo único que veo es el caracol deslizándose sobre el filo de una navaja. Y de nuevo no soy libre… hasta la simpleza me encierra… hasta la simpleza me aterra.
Nota: la foto es un pedacito de universo porteño.
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Las noches de insomnio también me sacuden. Lo peor es que no me gustan, me destruyen. Desde hace un tiempo odio dormir menos de ocho horas. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que la búsqueda de la libertad, como dices, Rabi, es eterna y además, inútil. Pero ahí vamos.
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